miércoles, 30 de enero de 2013

El caso de Elena 2


La discapacidad auditiva es la pérdida de la capacidad de escuchar, pero puede responder a ciertos estímulos y se podrá adquirir y consolidar un lenguaje oral con normalidad aunque será más tarde que el resto de niños.

Durante el primer año de vida el bebé es capaz de reaccionar ante los sonidos de su entorno, distinguir entre sonidos verbales y no verbales, identificar la voz de su madre y localizar su procedencia, diferenciar los tipos de voces y captar el enfado o la irritación, capacidades que los padres de Elena deberían de haberse fijado desde su nacimiento.

Aunque no sabemos al 100% si Elena tiene problemas auditivos ya que no conocemos el diagnóstico del pediatra, por los datos que tenemos (“no dice ni una sola palabra”, “cuesta atraer su atención”, “tiene dificultades para controlarse y comportarse de acuerdo con las normas”) es probable que sí los tenga aunque también es posible que sea porque sus padres o su abuela que es con la persona que pasa más tiempo, no la hayan estimulado en su momento.

A partir del mes de vida, el bebé inicia el balbuceo con sus primeras emisiones inintencionadas. A los 6 meses evoluciona hacia la ecolalia que son sonidos con cierta intencionalidad imitativa, aunque no significativa y empiezan a emitir sonidos consonánticos y combinaciones silábicas de estructura simple. Finalmente se producirán las primeras palabras entre los 12 y 15 meses, por lo tanto Elena no ha debido pasar por ninguna de estas fases que pertenecen a la etapa prelingüística del lenguaje infantil por sus problemas auditivos.
Los problemas que puede ocasionar una disfunción auditiva pueden ser un fracaso escolar, destrezas sociales, comunicación o la tardanza en adquirir el lenguaje, que puede ocasionar problemas en la evolución de la afectividad, en la formación de la personalidad y en el acceso a la vida social. Cuanto antes lleven a Elena a un especialista, más probabilidades habrá de que se desarrolle todo su potencial y mejore sus habilidades auditivas para que sea capaz de aprender, reproducir sonidos, entenderlos y poder comunicarse correctamente. Desafortunadamente, no todas las aulas se encuentran especialmente adaptadas para apoyar esta función, por lo que los alumnos deben realizar todas estas tareas auditivas en medio de un gran número de actividades que con frecuencia interfieren con la función auditiva. Además, bajo estas circunstancias también para el profesor resulta sumamente fatigante interactuar con sus alumnos a lo largo del día, pues debe hacerlo en un ambiente ruidoso y con eco.
Cuando el ambiente auditivo del aula no es el apropiado, el rendimiento académico de todos los alumnos se ve afectado de forma negativa. Elena tiene que saber diferenciar los sonidos que debe escuchar de los que debe ignorar para reconocer instrucciones y conversaciones relevantes, y para concentrarse en el aprendizaje de conceptos nuevos, así como discriminar los sonidos ambientales de los de la lengua y escuchar claramente al profesor y a los compañeros.

Desde un punto de vista positivo, es importante mencionar que el resto de alumnos de Miguel podrían favorecerse de las adaptaciones que deberíamos hacer en el aula, como dar clase en la aula más alejada del patio o ruidos ambientales para que se concentren mejor, mayor iluminación y una mayor organización para garantizar la comunicación y el aprendizaje, ya que esto afectará positivamente a las posibilidades de atención, concentración y participación de todos sus alumnos.

Es la primera vez que Miguel tiene un/a alumno/a con una discapacidad auditiva y tiene muchas dudas, por lo que a continuación le daremos recomendaciones que debería poner en práctica en su clase:

Ubicación preferencial del alumno, es decir, colocar a Elena cerca de Miguel, antes de iniciar una conversación y asegurarse que le está prestando atención. Mantener una distancia máxima de metro o metro y medio, avisar al alumno cuando el tema concluya o cambie, utilizar recursos visuales (dibujos, diagramas, notas, gestos…) para apoyar su explicación. También debe hablar a una velocidad moderada, con una intensidad normal y deteniéndose entre una y otra idea para que Elena  pueda comprender lo que le está diciendo, sin exagerar los movimientos faciales y los labios. Motivarla a participar en actividades para la utilización y enriquecimiento del lenguaje. Miguel debería tratar de disminuir el ruido del aula, que le de la luz de frente, no hablar de espaldas, puede usar lápiz labial para favorecer la lectura labio-facial, mientras que la barba y el bigote la dificultan y finalmente debe revisar constantemente la comprensión de su alumna, observando su conducta, o verificando el contenido del mensaje por medio de preguntas.


Desde mi opinión diría que no debemos plantearnos cambiar a Elena de clase, y mucho menos con los más pequeños ya que puede sentirse diferente al ver que sus compañeros son más pequeños, crearle problemas de inseguridad y no estar a gusto, lo que conllevaría a más problemas. Tampoco tenemos que castigarla ni premiarla, hay que tener en cuenta que su esfuerzo será mayor y Miguel tiene que valorarlo pero sin que el resto de compañeros lo vean como si solo se centrara en ella ya que podría causar bullying (acoso escolar), recibir insultos, mofas, dificultar que Elena tenga una vida social normal, etc.


Para finalizar simplemente decir que es normal que ante padres primerizos, jóvenes y que dedican poco tiempo a su hija por asuntos laborales no se hayan fijado de la deficiencia de su hija y al comunicarles su problema se lo hayan tomado un poco mal, pero seguro que después se lo agradecerán a Miguel por habérselo comunicado lo antes posible y haber detectado su deficiencia. Sus padres, conociendo la deficiencia de su hija deberán encontrar más tiempo para estar con ella, revisar diariamente sus tareas y aclararle dudas, deberían tener una pequeña biblioteca en la casa con muchas láminas y textos para aclarar conceptos y pueden apoyarse en padres o compañeros con casos similares.
Debemos tratar a Elena como una persona normal, creer en ella, en sus posibilidades, dejarle que viva sus experiencias y tenga libertad para decidir.

viernes, 25 de enero de 2013

El caso de Elena


La discapacidad auditiva es la pérdida de la capacidad de escuchar, pero puede responder a ciertos estímulos y se podrá adquirir y consolidar un lenguaje oral con normalidad aunque será más tarde que el resto de niños.

Durante el primer año de vida el bebé es capaz de reaccionar ante los sonidos de su entorno, distinguir entre sonidos verbales y no verbales, identificar la voz de su madre y localizar su procedencia, diferenciar los tipos de voces y captar el enfado o la irritación, capacidades que los padres de Elena deberían de haberse fijado desde su nacimiento.

Aunque no sabemos al 100% si Elena tiene problemas auditivos ya que no conocemos el diagnóstico del pediatra, por los datos que tenemos (“no dice ni una sola palabra”, “cuesta atraer su atención”, “tiene dificultades para controlarse y comportarse de acuerdo con las normas”) es probable que sí los tenga.

A partir del mes de vida, el bebé inicia el balbuceo con sus primeras emisiones inintencionadas. A los 6 meses evoluciona hacia la ecolalia que son sonidos con cierta intencionalidad imitativa, aunque no significativa y empiezan a emitir sonidos consonánticos y combinaciones silábicas de estructura simple. Finalmente se producirán las primeras palabras entre los 12 y 15 meses, por lo tanto Elena no ha debido pasar por ninguna de estas fases que pertenecen a la etapa prelingüística del lenguaje infantil por sus problemas auditivos.
Los problemas que puede ocasionar una disfunción auditiva pueden ser un fracaso escolar, destrezas sociales, comunicación o la tardanza en adquirir el lenguaje, que puede ocasionar problemas en la evolución de la afectividad, en la formación de la personalidad y en el acceso a la vida social. Cuanto antes lleven a Elena a un especialista, más probabilidades habrá de que se desarrolle todo su potencial y mejore sus habilidades auditivas para que sea capaz de aprender, reproducir sonidos, entenderlos y poder comunicarse correctamente. Desafortunadamente, no todas las aulas se encuentran especialmente adaptadas para apoyar esta función, por lo que los alumnos deben realizar todas estas tareas auditivas en medio de un gran número de actividades que con frecuencia interfieren con la función auditiva. Además, bajo estas circunstancias también para el profesor resulta sumamente fatigante interactuar con sus alumnos a lo largo del día, pues debe hacerlo en un ambiente ruidoso y con eco.
Cuando el ambiente auditivo del aula no es el apropiado, el rendimiento académico de todos los alumnos se ve afectado de forma negativa. Elena tiene que saber diferenciar los sonidos que debe escuchar de los que debe ignorar para reconocer instrucciones y conversaciones relevantes, y para concentrarse en el aprendizaje de conceptos nuevos, así como discriminar los sonidos ambientales de los de la lengua y escuchar claramente al profesor y a los compañeros.

Desde un punto de vista positivo, es importante mencionar que el resto de alumnos de Miguel podrían favorecerse de las adaptaciones que deberíamos hacer en el aula, como dar clase en la aula más alejada del patio o ruidos ambientales para que se concentren mejor, mayor iluminación y una mayor organización para garantizar la comunicación y el aprendizaje, ya que esto afectará positivamente a las posibilidades de atención, concentración y participación de todos sus alumnos.
Es la primera vez que Miguel tiene un/a alumno/a con una discapacidad auditiva y tiene muchas dudas, por lo que a continuación le daremos recomendaciones que debería poner en práctica en su clase:

Ubicación preferencial del alumno, es decir, colocar a Elena cerca de Miguel, antes de iniciar una conversación y asegurarse que le está prestando atención. Mantener una distancia máxima de metro o metro y medio, avisar al alumno cuando el tema concluya o cambie, utilizar recursos visuales (dibujos, diagramas, notas, gestos…) para apoyar su explicación. También debe hablar a una velocidad moderada, con una intensidad normal y deteniéndose entre una y otra idea para que Elena  pueda comprender lo que le está diciendo, sin exagerar los movimientos faciales y los labios. Motivarla a participar en actividades para la utilización y enriquecimiento del lenguaje. Miguel debería tratar de disminuir el ruido del aula, que le de la luz de frente, no hablar de espaldas, puede usar lápiz labial para favorecer la lectura labio-facial, mientras que la barba y el bigote la dificultan y finalmente debe revisar constantemente la comprensión de su alumna, observando su conducta, o verificando el contenido del mensaje por medio de preguntas.


Desde mi opinión diría que no debemos plantearnos cambiar a Elena de clase, y mucho menos con los más pequeños ya que puede sentirse diferente al ver que sus compañeros son más pequeños, crearle problemas de inseguridad y no estar a gusto, lo que conllevaría a más problemas. Tampoco tenemos que castigarla ni premiarla, hay que tener en cuenta que su esfuerzo será mayor y Miguel tiene que valorarlo pero sin que el resto de compañeros lo vean como si solo se centrara en ella ya que podría causar bullying (acoso escolar), recibir insultos, mofas, dificultar que Elena tenga una vida social normal, etc.


Para finalizar simplemente decir que es normal que ante padres primerizos, jóvenes y que dedican poco tiempo a su hija por asuntos laborales no se hayan fijado de la deficiencia de su hija y al comunicarles su problema se lo hayan tomado un poco mal, pero seguro que después se lo agradecerán a Miguel por habérselo comunicado lo antes posible y haber detectado su deficiencia. Sus padres, conociendo la deficiencia de su hija deberán encontrar más tiempo para estar con ella, revisar diariamente sus tareas y aclararle dudas, deberían tener una pequeña biblioteca en la casa con muchas láminas y textos para aclarar conceptos y pueden apoyarse en padres o compañeros con casos similares.
Debemos tratar a Elena como una persona normal, creer en ella, en sus posibilidades, dejarle que viva sus experiencias y tenga libertad para decidir.