Los niños empiezan a andar aproximadamente entre los 12
y los 18 meses aunque depende del niño unos empiezan antes o más tarde.
Deberían poder andar a los 12 o 15 meses y sobre los 18 deberían tener una
cierta autonomía y poder controlar por completo el proceso de andar, cambiar de
sentido con facilidad, andar de lado, hacia atrás y andar llevando
objetos en ambas manos.
Es posible que el retraso de Juan sea por causas genéticas y se debería
comprobar preguntando a la familia o haya tenido algunas caídas que le han
podido causar un retraso en aprender a andar por miedo a volver a caerse y
hacerse daño, pero es normal esta situación en muchos niños. Si en un par de
meses más Ana no ha conseguido que mejore y pueda andar, debería hablar con sus
padres para comunicarles su retraso y que consulten con un profesional, ya que
podría tener un problema en el desarrollo locomotor del niño.
Primero
debe aprender a ponerse de pie por sí solo, cosa que logrará poco a poco,
apoyándose en la pared, los muebles o en las personas y después estabilizar su
andar, para ello hay
algunos ejercicios de estimulación temprana que benefician el aprendizaje de
erguirse y ponerse a caminar. Su maestra con ayuda de los padres pueden
ayudarle con los siguientes ejercicios:
-Dejar a Juan apoyado en una cama o en un mueble y llamarlo desde más
lejos mostrándole su juguete preferido. A medida que va dando pasos apláudele y
dile “Muy bien”.
-Ayudarlo a dar pasos hacia
adelante, sujetándolo de la mano y poco a poco ir disminuyendo
tu ayuda.
-Aprender a ponerse de pie sin
apoyos, colocando juguetes encima de una mesa de unos
20cm más alto que él para que se levante por sí solo.
Otra causa que ha podido ocasionar este retraso puede
ser que sea porque sus padres son temerosos y ocasionará que el niño sea
temeroso. Si le dan confianza y lo incentivan, Juan se sentirá capaz de
afrontar su dificultad y poco a poco aprenderá a soltarse y caminar sin ayuda.
Para ello eso es fundamental que el entorno que rodea a Juan sea seguro,
agradable, alegre y relajado, ya que la presión extrema puede resultar frustrante
para él si siente que no está cumpliendo con lo que le piden sus padres. Ayudar al bebé en esta nueva experiencia será muy
reconfortable, aunque para ello sus padres deben tratar de dejar de lado los
temores y cambiarlos por alegría y confianza. Esperarlo a unos metros y darle
un gran abrazo cuando llegue a alcanzarlos será una gran alegría para Juan.
Para finalizar,
recordaremos que cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo, no debemos
forzarlo si aún no está preparado para ello y no olvidar tener a Juan a la vista
para evitar accidentes.

Deeeeivid! Está chula tu entrada, hemos puesto cosas muy parecidas, no tengo nada que objetar. =)
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